La preparación de María para su Asunción a los cielos.

La solemnidad de la Asunción de la Stma. Virgen María a los cielos, nos invita una vez más a retomar de la mano de María Madre sin igual y con ánimo renovado, nuestro caminar al encuentro con Dios. A lo largo del año se suceden las fiestas en el calendario litúrgico, y corremos el peligro de vivirlas como algo rutinario: Navidad, Semana Santa, la Asunción… Pero hemos de buscar el sentido de todas estas fiestas que vienen continuamente a cuestionarnos sobre la autenticidad de nuestra vida cristiana, sobre nuestra fidelidad a la llamada que Dios nos hace a vivir en relación con Él, sobre el grado en que nos tomamos en serio el camino de la santidad.

Por eso siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen hemos de prepararnos para el encuentro con Cristo que viene continuamente a nuestra vida. En la vida de María encontramos dos momentos especiales en los que Ella “esperaba gran fiesta”, decía San Juan de Ávila. Para estas ocasiones se preparaba diligentemente cuidando el atavío, el traje de su alma que había de lucir delante del Señor. La primera de estas ocasiones fue cuando al concebir por obra del Espíritu Santo en su casto seno al Verbo Divino, esperaba con ilusión, con fe y dichosa el día en que había de salir de sus purísimas entrañas la Luz del mundo, el tierno Infante, ese día en que ella pudiera verle con sus ojos, tocarle con sus manos. Podemos imaginarnos cómo se prepararía María para este momento, cuáles serían sus pensamientos, cómo hablaría con Él, cómo sería su oración… Ella deseaba que todo en su vida fuera del agrado de Dios.

La otra gran ocasión para la cual la Santísima Virgen también preparó su atavío para tan gran fiesta, fue el tiempo al final de su vida terrenal en que se preparaba para el día en que había de salir de este mundo para subir al celestial destino que su Hijo le tenía preparado en el Cielo. Ella deseaba la unión plena con Dios, y Dios la premió al glorificarla en su Asunción a los cielos. Ninguna mujer a la hora de su boda se preparó tanto como lo hizo nuestra Señora para el día de su coronación y glorificación. Ella preparó su alma con el atavío de la humildad, la sencillez, la pureza, el amor a Dios y a los hermanos… De esta forma su alma era y es tan hermosa a los ojos de Dios, que éste se recrea en mirarla y escucharla, y por eso mismo es nuestra más grande intercesora ante el Señor, quien se complace en escuchar a su obra más sublime.

Preparemos en nuestra vida un atavío agradable al Señor. Él se nos da en la Santa Misa, derrama sobre nosotros su Espíritu y se hace presente de mil maneras en el acontecer diario. Quiere que como María, le entreguemos sin reservas hasta el último rincón de nuestra vida, porque no sólo se conforma con acomodarse en el corazón donde su amor nos sella, sino que quiere que nos encendamos en el fuego de la caridad, del servicio, de la humildad, la penitencia…  Solo así podremos prepararnos para un encuentro total con Cristo, que comienza a darse ya en esta vida y que se completará con nuestro tránsito al cielo, a la casa del Padre y de la Madre, donde María, nuestra gran valedora nos espera. No podemos ofrecer a nuestro Señor mejor atavío que una vida de entrega, una vida que a los ojos de nuestra sociedad  es necedad y pérdida porque no se comprende la dinámica del amor, una vida en la que, pese a nuestros pecados y debilidades, no dejamos de ponernos en pie, acogiéndonos a la misericordia de Dios, y confiando en nuestra Madre María que nos auxilia en nuestras dificultades, sufrimientos y contrariedades. Hemos de hacer nuestras las palabras que la Virgen de Guadalupe dirigió en su aflicción al recién convertido indio San Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”

¡María, que nuestra vida sea verdaderamente un canto al amor de Dios, que no seamos tibios, que no te sigamos a medias sino que en el camino del seguimiento de tu Hijo vayamos a por todas! Si nos decidimos así, la gracia no nos va a faltar porque el abandonarse confiadamente en el cruce de los brazos de María siempre es fuente de alegría, aunque conlleve renuncias e ir dejando cosas puramente mundanas que no nos ayudan en este seguimiento serio de la voluntad de Dios. En el árbol de nuestra vida hay que podar muchas ramas que desvían el crecimiento del árbol, que le impiden crecer sanamente y dar fruto. Por eso hay que ir cortando de nuestra alma muchos pensamientos y deseos que, aunque no sean pecados, son aspiraciones y deleites puramente terrenales, son tierra que pesa en los bolsillos y que no nos permite volar para ser llevados al cielo como María. Todo esto necesita ser podado para que crezcan los verdaderos deseos del encuentro con Dios que es el verdadero goce, para que nuestra vida comience a hablar ya aquí en la tierra de la Jerusalén celeste. Así, de la misma forma que María preparó cuidadosamente su subida al cielo, nosotros preparemos también con la ayuda de Dios nuestra subida a la celestial vida.

Terminamos haciendo referencia a unas palabras de San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars: “El hombre había sido creado para el cielo. El demonio rompió la escalera que conducía a él. Nuestro Señor, por su pasión, ha construido otra para nosotros. La santísima Virgen está en lo alto de la escalera y la sostiene con sus manos.” ¡Qué bien resumen estas sencillas palabras la obra de la redención! Cristo es el puente que permite al hombre saltar el abismo que nos separa de Dios, ha construido esa nueva escalera que nos permite subir al cielo, y además llevó a su santísima Madre al cielo, para que desde lo alto sostuviera la escalera por la que han de subir sus hijos. Así ella es la portera del cielo, y de igual forma que no se entra en un edificio sin hablar con el portero, hemos de encomendarnos a ella, que es “Puerta del Cielo” para llegar a lo alto de la escalera, para llegar al cielo.

Santa María Puerta del Cielo. Ruega por nosotros.

Reflexión para el 7 de agosto: San Cayetano de Thiene, Padre de la Providencia.

San Cayetano de Thiene es llamado Padre de la Providencia, por lo que es considerado Patrón del trabajo o de los parados. Creo que en estos tiempos conviene que reflexionamos acerca de nuestra actitud ante las dificultades, ¿qué es la divina providencia?

La tradición nos lleva a entender  que «gracias a la providencia» no nos va a faltar el sustento o los bienes elementales para vivir: la comida, el vestido, el trabajo… y precisamente por la preocupación y amor los pobres que caracterizó a San Cayetano, es por lo que lo invocamos como abogado e intercesor ante Dios pidiendo por estas intenciones. Pero no solamente es eso la providencia, ya que si así fuera sería fácil el que cayéramos en el “te doy para que me des”.

De forma especial presta Dios atención a su creatura predilecta: el hombre. Él se manifiesta en nuestra propia vida, en los acontecimientos, en nuestra historia, porque la vida del hombre tampoco está fuera de su alcance. Y esto es precisamente la Providencia, la acción de Dios en el mundo manifestando su misericordia y su voluntad salvífica para con todos los hombres. Efectivamente, su intervención en nuestra vida es en función de su voluntad salvífica, nos va proveyendo en orden a nuestra salvación.

Meditemos sobre esta frase de San Catalina de Siena: “todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin”. Toda intervención de Dios en nuestra vida es para este fin, para que tú y yo podamos vivir cara a Dios, según su voluntad y así llevemos a término el fin para el que hemos sido creados: encontrar la salvación, y no solo tras la muerte sino ya ahora en esta vida. Vivir con las ideas claras, sabiendo que no estás solo, que hay un Dios de misericordia y amor que actúa entre nosotros. Así vivirás ya salvado, salvado de la indiferencia, de la falsedad, de la frialdad de querer manejar a Dios o vivir una fe a la carta.

Entonces si Dios no hace nada que no esté ordenado a nuestra salvación… ¿no deberíamos examinarnos acerca de lo que le pedimos en nuestra súplicas? ¿Está ordenado a nuestra salvación? Detrás de cada petición ha de encontrarse esta actitud: “que la voluntad de Dios se cumpla por encima de la mía, que se haga lo que más convenga para mi bien”. Ésa ha de ser nuestra oración y nuestra súplica…que se haga lo que más convenga a mi salvación.

Para que digamos que Dios nos escucha, ¿qué pretendemos? ¿que te dé la casa más lujosa? ¿que te dé dinero para disfrutar y despilfarrar mientras hay gente que pasa necesidad? ¿que te dé fama o éxito? ¿Un buen coche? ¿Un trabajo mejor pagado?…. pero ¿te has preguntado alguna vez si de verdad todo eso te conviene, si son para tu bien, para tu salvación? Frecuentemente por no tener a Dios como lo primero en la vida, cuando las circunstancias son favorables y a nuestro gusto, tendemos a dejar a Dios porque no nos hace falta, y comenzamos así a vivir fuera de la salvación, en la indiferencia o en un mero cumplimiento venido a menos. ¿Cómo te va a dar Dios todo esto si en realidad no te conviene? ¿Cómo te va a conceder peticiones egoístas que miran sólo a tu interés y que te pueden llevar a apartarte de Él?

Si pides con fe que se haga en tu vida la voluntad de Dios, si vives con los ojos puestos en Él, es cuando, por intercesión de San Cayetano, verás el milagro de mantenerte en pie en medio de tus dificultades, de poder vivir de la providencia sin faltarnos lo necesario, ni tampoco el consuelo, la gracia y la fortaleza para afrontar las adversidades. Penurias económicas, pérdidas de seres queridos, enfermedades… todo eso forma parte de la vida de todo ser humano, que quiera o no, antes o después tiene que atravesar, y lo puede hacer solo, o lo puede hacer de la mano de Dios. Hagamos caso al lema de vida de San Cayetano: “buscad primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6,33). Busquemos ante todo a Dios, en la Iglesia que es donde se encuentra y donde ha querido quedarse, y ya sabrá el Señor darnos la gracia que nos conviene en cada momento.

San Cayetano se caracteriza también de forma especial por la devoción y los lazos que estrecharon su vida a la Santísima Virgen. Es Ella, la Madre, la que puede darnos a Jesús, como se lo entrego a San Cayetano en 1516 en su primera Nochebuena sacerdotal.  Cayetano era consciente de su indignidad para celebrar su primera Misa aun después de haber sido ordenado sacerdote en septiembre. Tuvo la gracia especial en la Nochebuena de 1516, estando en oración ante las reliquias del santo pesebre que se conservan en la Basílica de Sta. María la Mayor de Roma, de recibir el Niño Jesús en sus brazos como obsequio de la Santísima Virgen, instándole a dar comienzo su ministerio sacerdotal. También a nosotros quiere María darnos a su Hijo, y nos lo da en cada Eucaristía. ¡Qué pena no venir a recibirlo, qué lástima de no recibirlo dignamente preparados, y qué pena no corresponder a este gran obsequio como siempre quiso hacerlo San Cayetano: “en justa correspondencia con mi madre María  jamás la abandonaré, ni al anciano Esposo José, ni al pequeño Jesús. Con ella estaré siempre, por los desiertos de Egipto, en cualquier peligro, en la cruz y en el sepulcro”.

San Cayetano nos aconseja acudir a la Señora: “Ruega a la Virgen María que te visite con frecuencia con su excelso Hijo, más aún, pídele que te dé a su Hijo, que es el  verdadero alimento del alma. Ella te lo dará de buena gana, y Él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte”.

«La santidad es intimidad con Dios». Reflexión en el día del Santo Cura de Ars.

El día 4 de agosto la Iglesia celebra la memoria de San Juan María Vianney, sacerdote francés que aunque vivió en el siglo XIX, sigue siendo un modelo de vida sacerdotal en la actualidad, y que en el reciente año sacerdotal Benedicto XVI lo proclamó patrón de todos los sacerdotes del mundo.

Del Santo Cura de Ars, cuya biografía adjuntamos, son destacables sus numerosas virtudes: su vida de oración, su celo apostólico, sus grandes penitencias, el amor a la Eucaristía y a la Virgen, su pureza de corazón… Pero sin lugar a duda el manantial de todas las gracias con que Dios adornó a San Juan María es  su amor apasionado a Jesucristo, contemplado en las largas horas que pasaba ante el Santísimo. Un amor sin reservas y sin límites que arde como llama de fuego en respuesta a quien desde la Cruz nos ha amado ardientemente primero.

Del amor nace la intimidad con Dios, la unión a Él. El mismo Santo Cura decía: “¡Oh hermosa vida! ¡Hermosa unión del alma con nuestro Señor! La vida interior es un baño de amor en el cual se sumerge el alma. En este estado, Dios tiene al alma para llenarla de besos y caricias. Nuestro Señor tiene hambre de esta alma”. Tiene Dios sed de nosotros, sed de que nos entreguemos del todo a Él dejando las vanidades y cosas del mundo, sed de que le busquemos con amor apasionado.

Nosotros tendríamos que tener siempre encendida en nuestra vida la llama del amor a Cristo, sin dejar que se apague ni disminuya sino que vaya creciendo, madurando,  fortaleciéndose y avivándose de forma que queme en nosotros todo lo que nos sobra.  Para ello hemos de echarle leña constantemente, con la lectura de la Palabra de Dios, el desprendimiento voluntario, la abnegación de la propia voluntad ante lo inesperado, la confesión frecuente, el dejarnos iluminar en la dirección espiritual, y especialmente con la oración y la reflexión diarias: “la oración es una cosa perfumada… cuanto más se ora, más deseos se tienen de orar”, decía el Santo Cura.

Y además de los largos ratos de oración sosegada ante Jesús en el Sagrario, hemos también de unirnos a Él ofreciéndole cada momento de nuestra vida: “es menester ofrecer a Dios nuestros pasos, nuestro trabajo y nuestro reposo. ¡Oh cuan hermoso es hacerlo todo por Dios!”.  Se trata de decir cada día “hoy quiero hacerlo todo y sufrirlo todo por Dios… nada por el mundo ni por interés; todo para agradar a mi Salvador. De esta manera el alma se une a Dios, no ve sino a Él, no obra sin por Él”.

Con estas breves palabras entresacadas de textos de San Juan María, hemos de animarnos de forma especial en estas vacaciones a cultivar la vida interior, para que ese fuego del amor de Dios, siempre bien alimentado, pueda quemar a cuantos se crucen con nosotros, y así seamos testigos vivientes del amor de Dios. Dejemos mediocridades, comodidades, melancolías y desánimos, y dispongámonos a subir una vez más en la barca de la Iglesia capitaneada por ejemplos valientes como el de San Juan María Vianney, que son los que dan vida.

Al mismo tiempo, encomendemos al Señor por medio de San Juan María a todos los sacerdotes. Que especialmente ellos puedan ser reflejo de Cristo en el mundo, y vivan no un sacerdocio cualquiera, sino el sacerdocio que pide hoy la Iglesia, el que arrastra con el testimonio de vida, el de la entrega sin medida en holocausto, de forma que al verlos podamos decir lo que un día se dijo del Santo Cura de Ars: «He visto a Dios en un hombre».

Adoración del Santísimo el primer viernes de agosto.

Aunque nos encontramos en el mes de agosto y muchos fieles están de vacaciones fuera de Yecla, el próximo viernes 3 de agosto, que coincide con el primer viernes de mes en honor del Sdo. Corazón de Jesús, tendremos exposición del Santísimo en la Basílica.

Dará comienzo a las 7 de la tarde con el rezo de la coronilla de la Divina Misericordia, oración personal, y a las 19:30 h. el Santo Rosario, finalizando con la bendición y reserva, antes de la celebración de la Eucaristía de las 8 de la tarde.

Mons. Lorca Planes: “Señor, escucha nuestras plegarias”.

Carta del Obispo de la Diócesis de Cartagena ante la crisis actual.

Bajo el título “Señor, escucha nuestras plegarias”, el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. D. José Manuel Lorca Planes, ha publicado un escrito en relación a la situación de crisis que asola a España actualmente. A través de esta carta, el Pastor pretende “señalar una vía libre para que puedan, creyentes o no creyentes y los responsables de la vida pública y económica, acercarse a Dios y pedir la Luz que necesitamos todos, porque la urgencia está, no sólo en el estado de las cosas, en la avalancha de los problemas, sino de lo que está en juego: la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad (cfr. Caritas in Veritate,20).” Según explica Mons. Lorca Planes, esta crisis “es algo más que económica” ya que “ha sido causada por un desorden moral que la ha generado: la cultura del ‘pelotazo’, la del enriquecimiento rápido y sin escrúpulos, la de estar por encima de las posibilidades, la proliferación de intereses personales o de grupo, las especulaciones, los escandalosos sueldos millonarios…”.  Pero, “¿para qué abundar más en los motivos de esta tristeza?” El Obispo prefiere centrarse “en la esperanza que nos da la fe y la confianza en Dios.” “No paséis de largo, no disimuléis vuestros sufrimientos y dadle la cara a Dios, habladle de vuestro dolor por la profunda crisis que venimos padeciendo, presentadle la preocupante tasa de desempleo que oscurece el futuro de adultos y jóvenes…, porque Dios escucha nuestras súplicas” – asegura el Prelado. Mons. Lorca Planes valora “lo que está haciendo la Iglesia, tan cercana a los más necesitados, aunque sea con medios pobres; ahí está Caritas, como un ejemplo, y todos los voluntarios.” Asimismo, señala que “la razón que mueve a la Iglesia no es otra sino ésta: los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (G.S.,1).”“Pido a Dios que se acierte en las decisiones, para que no sean sólo los que viven al día los que soporten las pesadas cargas de los recortes y sacrificios – expresa el Sr. Obispo; -que todos cumplamos las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de la justicia”. El Obispo de Cartagena anima “a todos los que os mueva la fe», a «responded como cristianos, confiad en Dios y rezad con fuerza para que sea Él quien nos ayude a salir de este drama, siendo capaces de cambiar la mentalidad y teniendo el coraje para suprimir las causas de estos males, aunque sabemos que nos espera un tiempo de sacrificio.” Mons. Lorca Planes ha propuesto a los sacerdotes “que trabajéis por facilitar a los fieles las posibilidades de vigilias de oración ante el Santísimo Sacramento, que elevéis plegarias en la Oración de los fieles; que sigáis potenciando todas las iniciativas de caridad, a través de Caritas u otras instituciones, y que deis el protagonismo en la vida parroquial a la austeridad, sin más aventuras que lo necesario”. “Nosotros, los sacerdotes, no podemos faltar a esta llamada”- asevera. Por eso, ha puesto a su disposición una cuenta, “donde cada uno pueda ingresar lo que crea más conveniente para ayudar a las familias más necesitadas, por medio de Caritas.”

El número de cuenta es:

0487.0090.78.2007009704 

Carta íntegra del Sr. Obispo

«Cero años». Vídeo en defensa de la vida.

Interesante vídeo sobre el valor de la vida humana, y la importancia de la decisión de los padres de no privar de este derecho a sus hijo. Expone la vida humana vista marcha atrás, es decir, partiendo desde la ancianidad hasta llegar a la concepción.

«Razones para defender la vida». Carta del padre de una niña con espina bífida.

El diario El País publicó hace unos días una carta del neurocirujano infantil Javier Esparza que lleva por título «Nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento».

En ella, el médico se muestra en contra de la prohibición del aborto en los casos de malformación fetal.

En la misma apela a supuestos argumentos humanitarios para permitir el aborto, tachando a los que se oponen a ello de ignorantes o de actuar por intereses espurios. Funda su tesis en un argumento falso como es el sufrimiento de los niños con determinadas dolencias, y de sus familias.

Entre los argumentos del médico destacan los siguientes:

«En España se ha practicado durante muchos años un excelente programa de prevención de la espina bífida, desde la implantación de la ley del aborto». 

«Desgraciadamente, si se suprime el supuesto de interrupción del embarazo, mucho me temo que volveremos de nuevo a cifras terribles, dado que se trata de malformaciones frecuentes».

«No creo que ninguna sociedad tenga el derecho, y menos pudiendo evitarlo, de cargar a ningún ser humano con sufrimientos más allá de lo imaginable».

«Por otra parte, siempre he creído que los Gobiernos y las leyes deben estar al servicio de los seres humanos para ayudarlos, pero no para castigarlos; y mucho menos por intereses posiblemente espurios».

Respuesta de un padre de una niña con espina bífida

Javier Mª Pérez-Roldán, abogado de familia y padre de una niña con espina bífida, responde al neurocirujano Javier Esparza:

«Desde hace 12 años soy abogado de familia y desde hace 7 padre de una niña con espina bífida. Durante estos últimos años me he dedicado, en exclusiva, a dos cosas: velar por el interés de los hijos de mis clientes, y ejercer como padre de mi hija y de sus otros dos hermanos, de 5 y 3 años.

Mi hija tiene parálisis en ambas piernas, y desde los tres años convive diariamente con su silla de ruedas. Tiene también todos los problemas que usted cita como asociados a la espina bífida, salvo la siringomielia. Es más, su lesión (que lo es en la modalidad más grave) está localizada a la altura de la vértebra L4-L5 y según nos comentan todos los profesionales que la tratan, es la más alta que han visto es muchos años. Ha pasado por cinco operaciones, y tiene citas periódicas en siete especialidades médicas.

Ahora bien, mi hija no sufre ni más ni menos que una niña de su edad. Juega, ríe, quiere, ama y siente exactamente igual que sus dos hermanos sanos. Y, a veces, también llora, pero sus lágrimas no tienen ningún poso de amargura ni dolor por encima de las de sus amigas o de las de sus hermanos, pues como ellos, llora por nimiedades.

Como abogado de familia he conocido niños con depresión crónica por culpa de la separación tormentosa de sus padres, que arrastran una existencia triste y sufriente. Como sufren más que mi hija y sus hermanos, ¿los eliminaría?

Y en cuanto a la familia, fíjese si el sufrimiento no es tan extremo como usted dice que después de su nacimiento hemos tenido otros dos hijos, señal de que el cuidado de nuestra hija no nos ha supuesto trauma ninguno.

Estas anomalías, por sí, no causan el sufrimiento que usted pretende. De hecho, si bien el dolor ante cualquier enfermedad o revés de la vida es inevitable, el sufrimiento es totalmente voluntario, pues es éste una percepción personal y subjetiva de la propia realidad. Hay quien ante cualquier mínimo problema ante la vida sufre, y sufre sin mesura, y hay quien ante obstáculos insalvables y dolores sin medida se crece, pues admite su dolor con entereza.

De hecho, por la enfermedad de mi hija he estado en contacto con numerosos afectados de espina bífida (algunos en grados muy severos) y siempre se han manifestado esperanzados y alegres por el don de la vida. ¿Ha oído usted de enfermos de espina bífida que se hayan suicidado o que hayan solicitado la eutanasia? Sin duda usted conocerá el estudio de su compañero neurocirujano Rob de Jong, publicado recientemente en la revista Pediatric, donde sostiene, por medio de estudios de campo, que los recién nacidos con este mal congénito apenas tenían dolores.

Por eso me causa sonrojo su carta, llena de adulteraciones de la realidad vivida por cientos de enfermos y sus familias. Pero mayor sonrojo me causa su supuesto humanismo. Dice usted que nadie tiene derecho a obligar al sufrimiento ¿y en qué principio ético funda usted tan categórica aseveración? ¿y porqué presupone usted el sufrimiento de estos pacientes?

En cuanto a la fundamentación de su aseveración, alega la mismas causas que las autoridades nacional-socialistas responsables del plan de exterminio de enfermos Aktion T4. El plan se fundaba en que había vidas que no eran dignas de ser vividas, y cuyo asesinato era tanto un acto de compasión como un beneficio para la comunidad. Usted alega ambas cosas (igual que los Nazis) pues sostiene que «el colmo» es que los esfuerzos realizados para el tratamiento de estos niños es un desperdicio, pues acaban muriendo a los 20 años, y encima arrastrando un sufrimiento sin medida. ¡Qué argumento tan falaz! Usted sabe que miente, pues al día de hoy, la esperanza de vida de estos pacientes es prácticamente la misma que para personas sanas.

Pero es que, además, aunque fuera verdad el fallecimiento a los 20 años ¿me va a decir usted que no merecen vivir estos 20 años? Usted está jubilado y pronto empezará a sufrir achaques. De vida, según las estadísticas del INE, no le quedan más que 16 años ¿le parecería justo que a la primera recaída de usted le privemos de un tratamiento por lo costosísimo del mismo teniendo en cuenta que no le quedan años para «amortizar la inversión» y más teniendo en cuenta que usted, en la vida, ha hecho lo que tenía que hacer? Según su teoría sería menos grave matar a un zambiano (con una esperanza de vida de 36 años) que a un español (con 81 años de esperanza).

Las personas no son una inversión, son un bien en sí mismo, y no podemos desahuciar a los que tenga cáncer, o SIDA o cualquier otra enfermedad por lo costoso del tratamiento y por el alto índice de mortandad durante el mismo.

En el culmen del paroxismo dice usted que el aborto ayudó a prevenir la espina bífida. Nos descubre con ello su auténtico rostro, pues según usted sería muy fácil que España se colocase a la cabeza de los países saludables. Bastaría con eliminar a todo enfermo o lesionado grave (con cáncer, SIDA, paralítico por accidente de circulación) para poder vender al extranjero nuestras estadísticas y colocarnos como el país con la mejor política de prevención de enfermedades. Veo que usted es de los expeditivos que opina que muerto el perro se acabó la rabia. ¡Menos mal que no tiene usted responsabilidades en la política penitencia, pues sabemos cómo acabaría usted con los índices de delincuencia: fulminando al delincuente!

Sólo le quiero decir una cosa. Lo que nos hace sufrir a los afectados por esta enfermedad son los profesionales médicos como usted. Cuando a los tres meses del embarazo nos anunciaron la enfermedad de nuestra hija, nos recomendaron insistentemente el aborto, y ello hasta hacernos sentir culpables si traíamos al mundo a un niña solo para que sufriera. La realidad es nunca tomamos mejor decisión que tenerla, pues pasado el tiempo intimamos con dos matrimonios que abortaron a sus hijos por tener espina bífida ¡no sabe usted el terrible padecimiento moral de estas dos parejas al ver que si no hubiera cometido tan criminal acto podrían tener con ellos a sus hijos, que de seguro serían tan alegres y joviales como la nuestra! Y le preguntó ¿qué derecho tenían los médicos que les indujeron al aborto a obligarles al calvario de remordimientos que están pasando?

Que sepa que mi hija enferma tiene la misma dignidad que usted y el mismo derecho a vivir que tuvo usted. Ninguna sociedad tiene derecho a decir sobre si la vida de otro es digna o no, o a determinar si una enfermedad causa o no sufrimiento sin preguntar al afectado.

Mi hija necesita para vivir de la ayuda de otros en el mismo grado en que yo la necesito, aun estando sano. Si los hombres vivimos en sociedad es porque nos es necesario el concurso de otros para nuestra supervivencia. Por esto existe la sociedad y los gobiernos de la mismas: para ejercitar la ayuda mutua. En occidente tenemos la suerte de que prosperó la razón benéfica del ágora de Atenas sobre el terror eugenésico del Taigeto espartano ¿usted qué es, ateniense o espartano?».

Fuente: libertad.com

27 de julio de 2012

Próxima solemnidad de Santiago Apóstol en la Basílica.

En razón de la festividad de Santiago Apóstol, el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. D. José Manuel Lorca Planes, ha publicado un Decreto “con el fin de darle la importancia que esta fiesta merece”. Como explica Mons. Lorca Planes en este documento, “una importancia especial tiene desde hace siglos para la Iglesia española y de un modo particular para nuestra Iglesia Diocesana, la Solemnidad del Apóstol Santiago, primer testigo del Evangelio en nuestra tierra, que, según la tradición, hizo su entrada a España por la ciudad de Cartagena”.

Decreto del Sr. Obispo.

Por eso desde la Basílica de la Purísima, y siguiendo las indicaciones de dicho decreto recordamos:

1.    Quel día de Santiago, el próximo miércoles 25 de julio, es  fiesta de precepto, con la obligación de participar en la Santa Misa.
2.    Se dispensa del obligado descanso laboral a los fieles que se vean precisados a desarrollar su trabajo habitual en ese día.

3. En la Basílica de la Purísima, para cumplir con el precepto de la fiesta del patrón de España tedremos el siguiente horario de misas:

Martes 24 (misa de víspera): 20:00 h.

Miércoles 25 (solemnidad de santiago): 8 de la mañana y 21:00 h.

 

 

Reflexión de Carlos Herrera sobre el IBI y la Iglesia Católica.

En el programa de Onda Cero que todas las mañanas presenta el periodista Carlos Herrera, hace algunas semanas se pudo escuchar esta reflexión sobre el bien que la Iglesia Católica hace en España.

Os invitamos a escucharla, no con ánimo de hacer política, sino de reconocer el papel imprescindible que la Iglesia realiza en medio de nuestra sociedad.

“¡SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA!”. Por José A. Abellán.

El miércoles día 25 se celebra la Solemnidad del martirio del Apóstol Santiago, Patrono de España, un día grande para los católicos aunque no sea festivo en grandes zonas del territorio nacional. Esta circunstancia nos obliga a considerar la realidad que estamos viviendo: Los poderes gubernamentales que administran la nación organizan las festividades de acuerdo con intereses que no siempre coinciden con la condición de mayoría católica de todos los que vivimos en estas tierras, de la misma manera que proponen leyes que organizan la convivencia social con decisiones que contradicen la misma vivencia de la tradición española.

La primera vez que se lanzó el grito “¡Santiago y cierra, España!”  fue en la Batalla de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212), de la que en este año se celebra el 800º aniversario. En esa batalla estuvieron unidos en una causa común los ejércitos de los reyes de Aragón, Navarra y Castilla. Fue una batalla decisiva contra el poder invasor y extranjero del Islam y que hizo posible que la Reconquista fuera a partir de entonces irreversible, sólo cuestión de tiempo. Se invocó a Santiago, patrono común de todos los españoles y se proclamó la unidad de todos. “¡Cierra, España!” equivalía a decir “A la batalla, España”.

Hoy, gracias a Dios, no estamos en guerra contra ningún poder invasor de este mundo. Pero no hay que olvidar que los cristianos tenemos un enemigo común que nos hace la guerra continuamente: el Diablo. «Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las insidias del diablo, ya que nuestra lucha no es contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los malos espíritus. Tomad, pues, la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo y vencido todo, os mantengáis firmes. Estad, pues, alerta, ceñidos vuestros lomos con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia y calzados los pies, prontos a anunciar el Evangelio de la paz. Embrazad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del maligno. Tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la Palabra de Dios, con toda suerte de oraciones y plegarias, orando en todo tiempo» (Ef 6,10-18) Nos recuerda el Apóstol San Pablo.

En Santiago de Compostela, junto a la tumba del Apóstol Santiago, el Beato Juan Pablo II lanzó un grito a Europa entera, incluida, por supuesto, España: “…la identidad europea es incomprensible sin el cristianismo, y precisamente en él se hallan aquellas raíces comunes, de las que ha madurado la civilización del continente, su cultura, su dinamismo, su actividad, su capacidad de expansión constructiva también en los demás continentes; en una palabra, todo lo que constituye su gloria . …La crisis alcanza la vida civil como la religiosa. En el plano civil, Europa se encuentra dividida. Unas fracturas innaturales privan a sus pueblos del derecho de encontrarse todos recíprocamente en un clima de amistad; y de aunar libremente sus esfuerzos y creatividad al servicio de una convivencia pacífica, o de una contribución solidaria a la solución de problemas que afectan a otros continentes. La vida civil se encuentra marcada por las consecuencias de ideologías secularizadas, que van desde la negación de Dios o la limitación de la libertad religiosa, a la preponderante importancia atribuida al éxito económico respecto a los valores humanos del trabajo y de la producción; desde el materialismo y el hedonismo, que atacan los valores de la familia prolífica y unida, los de la vida recién concebida y la tutela moral de la juventud, a un «nihilismo» que desarma la voluntad de afrontar problemas cruciales como los de e los nuevos pobres, emigrantes, minorías étnicas y religiosas, recto uso de los medios de información, mientras arma las manos del terrorismo. Europa está además dividida en el aspecto religioso: No tanto ni principalmente por razón de las divisiones sucedidas a través de los siglos, cuanto por la defección de bautizados y creyentes de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza equilibrio a las personas y comunidades…Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No te enorgullezcas por tus conquistas hasta olvidar sus posibles consecuencias negativas. No te deprimas por la pérdida cuantitativa de tu grandeza en el mundo o por las crisis sociales y culturales que te afectan ahora. Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo. Los demás continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: «lo puedo» .

Fueron unas palabras verdaderamente proféticas que en esta festividad de Santiago, Patrono de España, cobran especial significado. Benedicto XVI nos ha recordado que la crisis que padecemos no es sólo crisis económica, es también, y más, crisis moral. La crisis económica es síntoma de corazones endurecidos, ambiciosos, llenos de afán de riquezas y vacíos de amor. Sin embargo esta crisis que padecemos nos da la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Nos da la posibilidad de llenarnos de amor y cambiar el modo de ver las cosas y a las personas. No puedo ni quiero decirlo de otra manera: España ha sido grande cuando ha sido fielmente católica. Hoy España no es grande porque sus hijos católicos han hecho “defección de las razones profundas de su fe y del vigor doctrinal y moral de esa visión cristiana de la vida, que garantiza equilibrio a las personas y comunidades” y si sólo confía en la superación de la crisis económica no será grande nunca.

Satanás, padre de la mentira tienta continuamente como hizo con Jesús en el desierto de Judea cuando le mostró todas las riquezas del mundo: “Todo esto te daré si te postras y me adoras” (Mt 4, 9) ¡Cuánta gente ha adorado y adora así a Satanás, buscado las riquezas de este mundo y vaciándose de Dios!.

La fiesta del Apóstol Santiago es la fiesta de nuestra fe católica. Tenemos por Patrono a un testigo valiente del Señor, el primero que derramó la sangre por Él siendo degollado en Jerusalén por orden de Herodes Antipas, hijo del otro Herodes que quiso matar a Jesús cuando era un niño. Acudamos a Santiago y proclamemos el grito de guerra de nuestros antepasados: “¡Santiago y cierra, España!” contra el poder diabólico que no cesa de hacer la guerra al hombre amado por Dios.

José Antonio Abellán