Mes de Mayo

El mes de mayo, el mes de las flores, tradicionalmente dedicado en la Iglesia a la figura de la Virgen María, tiene especial importancia en Yecla.

Es tradición en nuestra ciudad “subir al Castillo”, al Santuario de la Pursíma Concepción para visitar a nuestra Patrona, y de forma especial estas visitas se multiplican en el mes de mayo.

Por eso todos los días se reza el santo rosario en el Santuario a las siete de la mañana y a las siete y media se celebra la eucaristía (ocho y media los sábados y domingos) , con gran afluencia de fieles que comienzan el día honrando a nuestra Madre.

Por otra parte son numerosas también las ofrendas de flores que se llevan a acabo tanto por fieles devotos como por instituciones o asociaciones que programan su “subida al Castillo” de forma particular. Entre éstas cabe destacar la ofrenda de la Asociación de Mayordomos y de las escuadras organizada en dos grupos (las de la Bandera y las del Bastón), la del Real Cabildo de Cofradías Pasionarias de Yecla, la Hospitalidad de Lourdes, las Peñas de San Isidro, el Colegio la Inmaculada…

A continuación ofrecemos un artículo sobre el Mes se mayo, publicado por nuestro Párroco D. José Antonio:

“Estamos abocados al mes de María por excelencia. Hay otros meses que celebran la memoria de la Virgen: El mes de Octubre con el rezo del Santo Rosario, el mes de Agosto -sobre todo en la Iglesia Oriental- con la solemnidad de la Asunción como centro, los primeros catorce días que la preparan y los siguientes dieciseis que la prolongan, el mes de Diciembre con el tiempo de Adviento y la Festividad de la Inmaculada Concepción… pero el mes de Mayo es un mes especial: Nos gusta rodear las imágenes de María de flores olorosas y bellas en sus colores, nos gusta rezarle y cantarle, nos gusta sentirnos hijos suyos y proclamar sus grandezas. Mayo siempre coincide con el tiempo de 

Pascua y la Santísima Virgen María descuella en este tiempo festivo con una luz singular: la de ser la más favorecida por la gracia de la Resurrección de su Hijo, la que con serena alegría goza ya en el Cielo en cuerpo y alma del triunfo que su Hijo alcanzó para todos los hombres. La Virgen nos ayuda a vivir en Pascua Florida. Son treinta y un días que iremos desgranando uno a uno a los pies de nuestra Patrona en su Santuario del Castillo: Le haremos una visita diaria a tempranas horas de la mañana para rezarle el Rosario, cantarle la Salve y celebrar ente su imagen la Sagrada Eucaristía. Otros no podrán subir a esa hora y lo harán a otra más tardía; otros lo harán desde sus casas al no poder salir de ellas sea por la enfermedad o por otras ocupaciones, pero todos tendremos a la Virgen muy presente en cada una de las jornadas de este mes. Os invito a todos a vivir con intensidad de hijos este Mes de María, nuestra Madre y Patrona. Quiera Dios que sea un mes lleno de frutos de amor donde podamos llenarnos de Jesús, el fruto bendito del vientre de María Inmaculada. Su Santidad el Papa Benedicto XVI, con esa sabiduría humilde que tiene para explicarnos las verdades de nuestra fe, nos ha recordado que no hay Iglesia sin María porque no hay cristiano que no tenga a María como Madre. Ese fue el regalo que Jesús nos hizo en el Árbol de la Cruz justo antes de expirar y derramar la Sangre de su Sagrado Costado. Nos la dio como la Nueva Eva que inaugura una Nueva Humanidad: la Humanidad redimida. Se acabó la Humanidad Pecadora y ha nacido la Humanidad Salvada, la Humanidad Santa. Es verdad que seguimos siendo pecadores, sí, pero con posibilidad generosa de redención, somos pecadores con remedio, somos enfermos con posibilidad de sanación, somos ciegos con capacidad de ver y corazones endurecidos con capacidad de llenarnos de vida. Cristo es nuestra santidad, nuestra salud y nuestra luz. Por medio de María ha venido la Salvación al Mundo entero en el pesebre de Belén y se ha ofrecido a todos los hombres en el Calvario. ¡Qué razones más entrañables para festejar a la Virgen Madre! “Venid y vamos todos con flores a María…” ¡Vamos todos, que nadie se quede sin acercarse a la que nos entrega a Cristo, a la mejor Madre, a la más sublime Discípula, a la más entrañable primicia de los salvados por Cristo. Vamos todos a María, que Madre nuestra es!


José Antonio Abellán