Multitudinario Rosario de la fe por las calles de Yecla.

Con motivo del año de la fe convocado por el papa Benedicto XVI, el pasado viernes 8 de marzo a las 21:30 h., partió desde la Basílica de la Purísima el «Rosario de la fe» organizado por el Real Cabildo Superior de Cofradías Pasionarias de Yecla.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACientos de fieles acompañaron en procesión a una imagen de la Virgen de los Dolores, rezando y meditando las reflexiones que el Arcipreste D. José Antonio Abellán pronunció sobre los misterios dolorosos del Santo Rosario. A su paso distintas cofradías de Yecla levantarán cinco altares con imágenes de nuestra Semana Santa, mostrando así los misterios dolorosos del Rosario: la oración en el huerto, la flagelación, la coronación de espinas, Jesús cargando con la Cruz y la Crucifixión.

El itinerario fue: Atrio de la Basílica, Juan Ortuño, Arco del Niño, Niño Jesús, Hospital, Placeta Ortega, España y Atrio de la Basílica.

Cientos de jóvenes en la vigilia vocacional celebrada en el Niño.

Nos encontramos en la campaña vocacional con motivo de la próxima festividad de San José. Con este motivo, el pasado jueves 7 de marzo a las 8 y media de la noche en la Parroquia del Niño Jesús, tuvo lugar una vigilia de oración para jóvenes para pedir por las vocaciones, especialmente al sacerdocio.

CONFIRMACION 289En dicha vigilia, en la que participaron jóvenes de las cuatro parroquias de Yecla, se pudo orar y escuchar el testimonio de algunos seminaristas del Seminario Diocesano San Fulgencio de nuestra diócesis, que acudieron acompañados por uno de sus superiores, D. Francisco José Azorín también natural de Yecla.

Ofrecemos el testimonio de uno de los seminaristas que dieron su experiencia en la Vigilia:

“Me llamo Antonio Lucas Belmar, soy de Mazarrón y tengo veintidós años. Tengo que decir que mi vocación no ha surgido en un momento puntual de mi vida ni por ningún acontecimiento clave, sino que mi vocación surgió en mi vida cotidiana.

Me gustaría empezar con mi situación familiar. Mi familia era cristiana de momentos puntuales como bautizos, bodas, entierros, es decir, sacramentos. A la edad de ocho años mi madre padeció un cáncer y a raíz de esa enfermedad ella se acercó a la Iglesia, desde ese momento comencé a ir a misa con mi madre todos los domingos. Cuando hice la Comunión quise ser monaguillo, ya que mi primo lo era. Me gustaría destacar este afán de seguir en todo a mi primo, al que tenía como referencia, porque yo soy hijo único y él es siete años mayor que yo. Esto fue lo que me impulsó a ser monaguillo.

Cuando era monaguillo iba disfrutando más de cada celebración e incluso acompañaba al sacerdote a las misas fuera de mi parroquia, por ejemplo a la ermita de Bolnuevo. En alguno de aquellos viajes el párroco me preguntó si me gustaría ser sacerdote y yo, con mis diez años, le contesté que sí, porque me gustaba la vida del sacerdote y me llamaba la atención esa vida de servicio y disponibilidad que él tenía.

Esa pregunta que me formuló aquel sacerdote, se quedó olvidada dentro de mi corazón. Cuando empecé el instituto me acerqué mucho al fútbol y me dejé arrastrar por mis amigos, que no eran de ir a misa. Me alejé un poco de la vida parroquial, aunque iba a misa todos los domingos.

Más tarde volví a involucrarme en la Iglesia, volví a ser monaguillo y a dar catequesis de Comunión.

En el tiempo que estuve alejado de la vida parroquial, la pregunta que me hizo aquel sacerdote estaba latente en mi corazón y me hacía preguntarme. Con el tiempo esa pregunta fue como un martillo que cada vez sonaba en mi cabeza con más fuerza. El momento clave fue durante el año jubilar que se celebró en Mazarrón, en el que en una homilía se dijo: “los sacerdotes son los labios de Dios en el mundo”. Aquella frase tocó mi corazón y me hizo reflexionar sobre el “sí” que dije a mis diez años.

A la semana después de ese día, tan señalado para mí, se lo conté al párroco y estuvimos discerniendo sobre esa posible vocación. Ese mismo año hubo una convivencia vocacional en Isla Plana a la cual fui y vi que posiblemente ésta podía ser la vocación de Dios para mi vida.

Después de la convivencia vocacional quería abrir más las puertas a Dios y quise probar en el curso introductorio. Después de esta experiencia decidí entrar en primero. Actualmente estoy en quinto curso, con la ilusión del primer día, de entregar mi vida a Dios y a la Iglesia”.

Ejercicios espirituales en la Basílica.

san Ignacio de LoyolaEsta semana, del lunes 11 al jueves 14 se van predicar en la Basílica unos ejercicios espirituales que nos sirvan para profundizar en la vida de oración y de fe en este tiempo de cuaresma, y ante la proximidad de la bajada de nuestro Patrón el Stmo. Cristo del Sepulcro y de la Semana Santa.

Tendrán lugar todas las tardes a las 19:30 h. en la capilla de la comunión (al terminar la misa de la tarde), y consistirán en la prédica y meditación ante el Santísimo expuesto siguiendo las indicaciones de San Ignacio de Loyola. Las jornadas finalizarán cada día con la bendición a las 20:45 h. aproximadamente.

Están dirigidos a toda la feligresía de todas las edades y movimientos.

Ha fallecido el sacerdote D. David Gascón Cerezo, hijo de Yecla.

El pasado lunes 4 de marzo, falleció en Murcia el sacerdote, M.I. Sr. D. David Gascón Cerezo, Canónigo Doctoral de la Santa Iglesia Catedral de Murcia, a la edad de 76 años.

D. David GascónD. David, nació en la ciudad de Yecla el 31 de julio de 1936, siendo bautizado en la Basílica de la Purísima, de la misma localidad, el 18 de marzo de 1939.

Ingresó en el Seminario Menor de San José el año 1950, cursando los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de San Fulgencio. Fue ordenado de presbítero por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Ramón Sanahuja y Marcé, Obispo de Cartagena, el 18 de marzo de 1961, en la Basílica de la Purísima, de Yecla. Posteriormente amplió estudios siendo Licenciado en Teología por la Universidad de Salamanca, Licenciado en Derecho Canónico por la Universidad de Comillas y Doctor en Pedagogía por la Universidad de Valencia.

Después de su ordenación desempeñó los siguientes cargos: Coadjutor de la Parroquia de la Purísima, de Fortuna (1961-1962), Coadjutor de Santa María de Gracia, de Murcia, (1962-1964), Capellán de la Residencia de Magisterio, en Murcia (1965-1996), Consiliario Diocesano de la JEC (1965-1996), Notario del Tribunal Eclesiástico (1967-1971), Profesor de la Facultad de Educación (1971-1974), Capellán de la Religiosas Clarisas de Murcia (1978-1979), Capellán de la Facultad de Educación (1980-2001), Cooperador de San León Magno, de Murcia ()1981), Consiliario de la Hospitalidad de Lourdes (desde 1982 hasta la actualidad), Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico (1997-2003). Ha sido miembro del Consejo Presbiteral de la Diócesis en varios momentos (1970-1973 y 1999-2003), así como miembro del Colegio de Consultores (1999-2004), Canónigo Doctoral de la Santa Iglesia Catedral desde 2003 hasta la actualidad.

La Misa Exequial, presidida por el Señor Obispo, D. José Manuel Lorca Planes, se celebró el 5 de marzo, a las 12’30 del mediodía en la Santa Iglesia Catedral de Murcia.

Posteriormente su féretro fue trasladado a Yecla, donde quedó expuesto en la Basílica de la Purísima a partir de las 15:30 h. El Arcipreste D. José Antonio Abellán rezó un responso a las 16:30 h., antes de su traslado al cementerio eclesiástico de Yecla.


Descanse en paz el Sacerdote, D. David Gascón Cerezo.

Última audiencia general de Benedicto XVI. 27-2-2013

¡Venerados hermanos en el Episcopado!

¡Distinguidas autoridades!

¡Queridos hermanos y hermanas!

Os agradezco por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi pontificado.

Benedicto XVIComo el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón el deber sobre todo de agradecer a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe en su Pueblo.

En este momento mi ánimo se extiende para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las «noticias» que en estos años del ministerio petrino he podido recibir acerca de la fe en el Señor Jesucristo y de la caridad que está en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor y de la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria del Cielo.

Siento que he de llevar a todos en la oración, en un presente que es el de Dios, donde recojo todo encuentro, todo viaje, toda visita pastoral. Todo y a todos los recojo en la oración para confiarlos al Señor porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, y porque podemos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, dando fruto en toda obra buena (cfr Col 1,9-10).

En este momento, hay en mí una gran confianza, porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, donde esté la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tuve firme esta certeza que siempre me ha acompañado. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: «¿Señor, qué cosa me pides?» Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás.

Y el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cercano a mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.

Imagen de San Pedro en su plaza del VaticanoPero siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse; es Él quien la conduce ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por esto que hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha dejado nunca que le falte a la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz y su amor.

Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo siempre más en segundo plano. Quisiera invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, certeros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que permite caminar cada día también en la fatiga. Quisiera que cada uno se sintiese amado por aquel Dios que nos ha dado a su Hijo a nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites.

Quisiera que cada uno sintiese la alegría de ser cristiano. En una bella oración que se recita cotidianamente en la mañana se dice: «Te adoro Dios mío y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano…» Sí, estamos contentos por el don de la fe, ¡es el bien más precioso, que nadie nos puede quitar! Agradecemos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama, pero espera que también que nosotros lo amemos!

Pero no es solamente Dios a quien quiero agradecer en este momento. Un Papa no está solo en la guía de la Barca de Pedro, si bien es su primera responsabilidad, y yo no me he sentido solo nunca en llegar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha dado tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cercanas a mí.

Primero que nada a vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad han sido para mí preciosos; mis colaboradores; comenzando por mi Secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, como también todos aquellos que, en diversos sectores, prestan su servicio a la Santa Sede: son muchos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad han sido para mí un sostén seguro y confiable. ¡Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, mi diócesis!

No puedo olvidar a los hermanos en el Episcopado y en el presbiterado, las personas consagradas y todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he percibido una gran atención y un profundo afecto; pero también he querido a todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el corazón de Pastor, sobre todo de Obispo de Roma, de Sucesor del Apóstol Pedro. Cada día he tenido a cada uno de vosotros en mi oración, con corazón de padre.

Quisiera que mi saludo y mi agradecimiento alcanzase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y quisiera expresar mi gratitud al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente a la gran familia de las naciones. Aquí también pienso en todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y que agradezco por su importante servicio.

En este punto quisiera agradecer de corazón también a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad en la oración. Sí, el Papa nunca está solo, y ahora lo experimento nuevamente de un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y a tantísimas personas que se sienten cercanos a él.

Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo: de los Jefes de Estado, de los jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etcétera. Pero recibo también muchísimas cartas de personas sencillas que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto, que nace del estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa.

Aquí se puede tocar con la mano qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en el que tantos hablan de su declive.

En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad e incluso de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.

Aquí permítanme volver una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión estuvo en el hecho que desde aquel momento estaba siempre y para siempre ocupado en el Señor. Siempre quien asume el ministerio petrino no tiene más privacidad alguna. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia.

A su vida se le retira, por así decirlo, la dimensión privada. He podido experimentar y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la dona. Ya he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen afecto; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él.

El «siempre» es también un «para siempre»: no se puede volver más a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado.

Ya no llevo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que en el servicio de la oración quedo, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, será un gran ejemplo de esto. Él ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.

Agradezco a todos y a cada uno también por el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con aquella dedicación al Señor y a su Esposa que he buscado vivir hasta ahora cada día y que quiero vivir siempre.

Les pido recordarme ante Dios, y sobre todo rezar por los cardenales llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.

Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a ella nos acogemos con profunda confianza.

¡Queridos amigos! Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la alegre certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, es cercano y nos rodea con su amor. Gracias.

Sábado 2 de marzo: teatro a beneficio de Cáritas de Yecla.

ConchaSegura_interiorEl próximo sábado 2 de marzo a las 21’30 horas en el  teatro Concha Segura, la compañía de Teatro Arcabuceros de Vinaroz de Yecla va a representar el sainete “El Conde de Burra regresa de las cruzadas”, con el fin de obtener fondos para la labor asistencial que Cáritas Interparroquial de Yecla está desarrollando entre las familias necesitadas de nuestra ciudad.

El precio de las entradas oscila entre 10 y 8 €, y se cuanta también con la posibilidad de adquirir una entrada de «fila cero», que sería para aquellas personas que no acudirán al teatro pero que desean colaborar con el fin benéfico de la representación.

Las entradas pueden adquirirse en las taquillas del teatro Concha Segura en el siguiente horario:

  • Jueves 28 de febrero de 19’30 a 21’00 horas.
  • Viernes 1 de marzo de 19’30 a 21’00 horas.
  • Sábado 2 de marzo a partir de las 19’30 horas.

C0laboran:

El Excmo. Ayuntamiento de Yecla. Concejalía de Cultura.

Agrupación de Escuadras Arcabuceros de Vinaroz.

Cáritas Interparroquial de Yecla.

Tradicional besapié al Ecce Homo el primer viernes de Marzo.

Ecce HomoEn Yecla, el besapié del primer viernes de marzo gira en torno a la imagen del Ecce Homo, la cual ya se veneraba en la Iglesia Vieja antes de la construcción de la Basílica de la Purísima.

Un año más nos disponemos a cumplir con esta tradición, por este motivo el próximo viernes 1 de marzo, la imagen del Ecce Homo descenderá de su retablo para que los fieles podamos venerarla besando los divinos pies de Jesús.

La Basílica estará abierta de 7:30 h. de la mañana hasta la 1 del mediodía, y de 4 de la tarde a 9 y media de la noche.

Oficio de Tinieblas de la Cofradía de la Buena Muerte en San Nicolás: del 1 al 3 de marzo.

Imagen

ultimo2 copia

Último Ángelus de Benedicto XVI.

El Domingo 24 de febrero el papa Benedicto XVI se asomó por última vez a la ventana de los Palacios Pontificios para dirigirse a los fieles antes del rezo del Ángelus.  En su intervención pronunció estas palabras:

En el segundo domingo de Cuaresma la Liturgia nos presenta siempre el Evangelio de la Transfiguración del Señor. El evangelista Lucas resalta de modo particular el hecho de que Jesús se transfiguró mientras oraba: la suya es una experiencia profunda de relación con el Padre durante una especie de retiro espiritual que Jesús vive en un monte alto en compañía de Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina del Maestro (Lc 5, 10; 8, 51; 9, 28).

Benedicto XVIEl Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9, 22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración, como en el bautismo, resuena la voz del Padre celestial: “Éste es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo” (9, 35).

Además, la presencia de Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas de la antigua Alianza, es sumamente significativa: toda la historia de la Alianza está orientada hacia Él, hacia Cristo, quien realiza un nuevo “éxodo” (9, 31), no hacia la tierra prometida como en tiempos de Moisés, sino hacia el Cielo. La intervención de Pedro: “¡Maestro, qué bello es estar aquí!” (9, 33) representa el intento imposible de demorar tal experiencia mística. Comenta san Agustín: “[Pedro]… en el monte… tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Por qué habría tenido que descender para regresar a las fatigas y a los dolores, mientras allá arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios que le inspiraban, por tanto, una santa conducta?” (Discurso 78, 3).

Meditando este pasaje del Evangelio, podemos aprender una enseñanza muy importante. Ante todo, la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo. En la Cuaresma aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da trascendencia a nuestra vida espiritual. Además, la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el Tabor habría querido hacer Pedro, sino que la oración reconduce al camino, a la acción.

“La existencia cristiana – he escrito en el Mensaje para esta Cuaresma – consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios ” (n. 3).
Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento de modo particular dirigida a mí, en este momento de mi vida. El Señor me llama a “subir al monte”, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, es más, si Dios me pide esto es precisamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma entrega y el mismo amor con que lo he hecho hasta ahora, pero de modo más apto a mi edad y a mis fuerzas.

Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa.

Vídeo del Ángelus

«Orar para escuchar la voz del Señor…»

El próximo jueves día 28 de febrero a las 8 de la tarde, su Santidad el Papa Benedicto XVI hará efectiva la renuncia al ministerio petrino y dejará de ser el Papa de la Iglesia Católica.

Benedicto XVILa razón que ha dado para realizar este acto de gran importancia para la vida de la Iglesia Católica es que no tiene fuerzas. Él mismo lo dice: “…en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.”

Ennoblece al Papa la claridad con la que reconoce  su falta de vigor y el amor que muestra a la Iglesia a la que no quiere dejar sin el cuidado necesario en “el mundo de hoy… sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe…”

El Papa se retira a rezar por la Iglesia, cosa que sí puede hacer y que hará con fidelidad hasta el último día de su vida aquí en la tierra. El Papa nos enseña así el necesario valor de la oración y la conciencia de que quien conduce la Iglesia es Dios mismo y Jesucristo es su único y verdadero pastor y nosotros, por nuestra parte, desde el Papa hasta el último católico, lo que debemos de hacer es ponernos a la escucha del Señor.

Orar para escuchar la voz del Señor y no poner otras voces ni otras palabras como guías del pueblo cristiano y convocarnos continuamente a vivir unidos a Jesucristo por medio de los sacramentos. ¡Qué hermoso programa nos deja Benedicto XVI! El que dijo que su programa era no tener programa y sí buscar en todo momento hacer la voluntad del Señor.

Una vez que se haga efectiva la renuncia del Papa comienza el periodo de Sede Vacante y los cardenales se reunirán para elegir a un nuevo Obispo de Roma y sucesor de San Pedro. Pidamos para que lo hagan con responsabilidad y en clima de sincera oración para bien de la Iglesia, no buscando intereses particulares sino aquello que el Señor reclama para seguir siendo el Pastor de su Rebaño. Demos gracias al Señor por el Papa Benedicto y pidámosle un nuevo Papa que gobierne a la Iglesia según el Corazón del Señor.

José Antonio Abellán