Cientos de jóvenes en la vigilia vocacional celebrada en el Niño.

Nos encontramos en la campaña vocacional con motivo de la próxima festividad de San José. Con este motivo, el pasado jueves 7 de marzo a las 8 y media de la noche en la Parroquia del Niño Jesús, tuvo lugar una vigilia de oración para jóvenes para pedir por las vocaciones, especialmente al sacerdocio.

CONFIRMACION 289En dicha vigilia, en la que participaron jóvenes de las cuatro parroquias de Yecla, se pudo orar y escuchar el testimonio de algunos seminaristas del Seminario Diocesano San Fulgencio de nuestra diócesis, que acudieron acompañados por uno de sus superiores, D. Francisco José Azorín también natural de Yecla.

Ofrecemos el testimonio de uno de los seminaristas que dieron su experiencia en la Vigilia:

“Me llamo Antonio Lucas Belmar, soy de Mazarrón y tengo veintidós años. Tengo que decir que mi vocación no ha surgido en un momento puntual de mi vida ni por ningún acontecimiento clave, sino que mi vocación surgió en mi vida cotidiana.

Me gustaría empezar con mi situación familiar. Mi familia era cristiana de momentos puntuales como bautizos, bodas, entierros, es decir, sacramentos. A la edad de ocho años mi madre padeció un cáncer y a raíz de esa enfermedad ella se acercó a la Iglesia, desde ese momento comencé a ir a misa con mi madre todos los domingos. Cuando hice la Comunión quise ser monaguillo, ya que mi primo lo era. Me gustaría destacar este afán de seguir en todo a mi primo, al que tenía como referencia, porque yo soy hijo único y él es siete años mayor que yo. Esto fue lo que me impulsó a ser monaguillo.

Cuando era monaguillo iba disfrutando más de cada celebración e incluso acompañaba al sacerdote a las misas fuera de mi parroquia, por ejemplo a la ermita de Bolnuevo. En alguno de aquellos viajes el párroco me preguntó si me gustaría ser sacerdote y yo, con mis diez años, le contesté que sí, porque me gustaba la vida del sacerdote y me llamaba la atención esa vida de servicio y disponibilidad que él tenía.

Esa pregunta que me formuló aquel sacerdote, se quedó olvidada dentro de mi corazón. Cuando empecé el instituto me acerqué mucho al fútbol y me dejé arrastrar por mis amigos, que no eran de ir a misa. Me alejé un poco de la vida parroquial, aunque iba a misa todos los domingos.

Más tarde volví a involucrarme en la Iglesia, volví a ser monaguillo y a dar catequesis de Comunión.

En el tiempo que estuve alejado de la vida parroquial, la pregunta que me hizo aquel sacerdote estaba latente en mi corazón y me hacía preguntarme. Con el tiempo esa pregunta fue como un martillo que cada vez sonaba en mi cabeza con más fuerza. El momento clave fue durante el año jubilar que se celebró en Mazarrón, en el que en una homilía se dijo: “los sacerdotes son los labios de Dios en el mundo”. Aquella frase tocó mi corazón y me hizo reflexionar sobre el “sí” que dije a mis diez años.

A la semana después de ese día, tan señalado para mí, se lo conté al párroco y estuvimos discerniendo sobre esa posible vocación. Ese mismo año hubo una convivencia vocacional en Isla Plana a la cual fui y vi que posiblemente ésta podía ser la vocación de Dios para mi vida.

Después de la convivencia vocacional quería abrir más las puertas a Dios y quise probar en el curso introductorio. Después de esta experiencia decidí entrar en primero. Actualmente estoy en quinto curso, con la ilusión del primer día, de entregar mi vida a Dios y a la Iglesia”.

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