UN RECUERDO PARA NUESTROS DIFUNTOS

TODOS-LOS-SANTOS

La fiesta de Todos los Santos nos invita a todos los cristianos a hacer fiesta por todos aquellos hermanos nuestros que, en palabras de san Pablo refiriéndose a sí mismo,  han corrido hasta la meta y han mantenido la fe y han recibido la corona de gloria que no se marchita.

Los católicos en el mundo entero visitamos este día los sepulcros de nuestros familiares difuntos para limpiar sus tumbas y adornarlas de luces y de flores. Es el mismo ritual que hacemos cuando llega la festividad de algún santo en nuestras iglesias: se limpia su imagen y se adorna su altar con luces y flores. Lo hacemos con la conciencia y deseo de que los restos mortales de nuestros difuntos sean reliquias de santos conservados en el lugar santo del cementerio.

¡Qué gozo poder vivir con esta esperanza, la esperanza del cielo!

Los cristianos somos personas de esperanza, ni siquiera la muerte pude detenernos porque sabemos que nuestro Señor ha vencido a la muerte y ha hecho renacer la vida inmortal por medio de su Muerte y gloriosa Resurrección.

Cuando vamos al cementerio no vamos a decir, como algunos dicen: “Esto es lo más seguro que tenemos, el nacer y el morir.” Eso es verdad, pero no es toda la verdad. Los hombres no nos detenemos en la muerte. El apóstol San Pablo nos lo recuerda también: “Después de la muerte, el Juicio.” La muerte no es el fin, el estado definitivo de nuestra existencia es el Cielo o el Infierno. El Juez justo. Jesucristo, tiene que dar el veredicto definitivo e inapelable al desarrollo de nuestra existencia aquí en la tierra. Será un juicio justo porque no se fijará en la apariencia ni sentenciará de oídas,  sino conociendo la verdad del corazón de cada hombre en la profundidad a donde nosotros mismos no podemos llegar si la Palabra misma de Dios no nos ilumina.

Cuando visitamos el Cementerio acudimos con deseos de oración al Señor pidiendo su piedad y misericordia por aquellos a quienes amamos y ya han partido de esta existencia mortal hacia la Patria definitiva.

 

La Secuencia de Difuntos reza así:

“Rex inmensae maiestatis

qui salvando, salvas gratis,

sava mihi,

o fons pietatis”

 

(Rey de Majestad inmensa que salvando salvas gratis, sálvame o fuente de piedad.)

 

Oremos, pues, por nuestros hermanos difuntos. Alegrémonos por los que han llegado ya a la gloria del Cielo y pidamos su intercesión, supliquemos por los que purifican sus faltas en las penas del Purgatorio y solicitemos al Señor de la Clemencia el perdón y la gracia del arrepentimiento para que nadie sea condenado a la pena del Infierno como la Santísima Virgen invitó a rezar a los pastorcitos de Fátima en una de sus apariciones:

“Oh Jesús mío, perdónanos,

líbranos de las penas del Infierno.

Lleva al Cielo a todas las almas,

especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. Amén”

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