Mensaje del Sr. Obispo para el Domingo del Buen Pastor.

Nuestro Señor se ha valido de ejemplos sencillos para darnos a conocer temas esenciales y nos transmite su sabiduría con palabras al alcance de todos. Este domingo es conocido como el del Buen Pastor, porque así se presenta Jesucristo, como el Buen Pastor. El domingo anterior vimos como el Resucitado está en medio de la Iglesia, está con nosotros y nos cuida, nos protege y defiende. Su figura de Buen Pastor nos está diciendo que no debemos temer, porque nada en nuestro interior o exterior se le escapa, que nos conoce a la perfección. La intención del Señor, que ninguna oveja se pierda, y para eso no usa el látigo o la fuerza, sino que camina, como decía San Ambrosio, “con actitud de clemencia, con los arreos del amor”. Su amor hacia el rebaño le hace tener misericordia y le asegura la paz.El buen pastorDestaco tres cosas del Evangelio de hoy que hacen pensar: las ovejas escuchan al pastor, le conocen y le siguen. Escuchar, conocer y seguir. Tres aspectos que no han perdido fuerza con el paso del tiempo y siguen siendo indicativos del mismo rebaño. Primero, escuchar al pastor significa oír con atención, poner interés y llevar a la vida lo que has oído. Segundo, Jesús conoce a los suyos, no superficialmente, sino con el corazón, con toda ternura, penetra hasta el fondo de nuestro ser y nos quiere hasta dar la vida. Seguir, es el tercer verbo que destaca el Evangelio, la consecuencia de oír con atención y de fiarse, eso significa seguirle, ir detrás de Él y de su Palabra que nos guía a la Vida eterna. La fe lleva al hombre a una plena adhesión a Cristo.

Hoy reconocemos la labor de todos los sacerdotes que le han dicho sí al Señor y sirven de verdad a los hermanos, los sacerdotes con olor a oveja. Por cierto, ¿has felicitado a tu párroco? Hoy es el día del Buen Pastor, hoy le puedes decir: gracias hermano, por tu vida consagrada. Estoy seguro que te dará las gracias, que te dirá que no hace nada extraordinario, al menos sonreirá…, pero después, cuando esté solo ante el Señor, delante del Sagrario, un par de lágrimas brotaran de sus ojos, recordando el día que le dijo a Jesús, ¡aquí estoy!

¡Gracias, Señor, por los sacerdotes!

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