La Ascensión del Señor.

El Domingo pasado se puso en marcha una nueva singladura desde nuestra parroquia: la página web “Basilicadelapurisima.com”. Es una respuesta evangelizadora al buen uso de las nuevas tecnologías que hoy usamos tan frecuentemente. Agradezco de corazón a todos aquellos que la han hecho posible empezando por mi vicario parroquial, D. Asensio. Será una página que poco a poco se irá llenando de más contenido y que mostrará en la ventana de internet la experiencia religiosa cristiana de esta parroquia católica de la ciudad de Yecla donde se concita frecuentemente la vida espiritual de todos los yeclanos.
Este Domingo es la fiesta de la Ascensión del Señor, una de las grandes solemnidades del Señor dentro del marco de las fiestas de Pascua que estamos viviendo. Jesús, “ante el asombro de sus discípulos ha subido a lo más alto del Cielo… y adonde ha subido él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros miembros de su cuerpo.” Así canta la liturgia de la Misa de este día, uno de los tres que reluce más que el sol.
¿Qué significa eso de subir al cielo?
El Cielo es el espacio de Dios. Cristo en cuanto Hijo Eterno de Dios Padre vuelve a su lugar propio y a su estado propio de Gloria Eterna, pero vuelve llevándose consigo la carne humana de su naturaleza mortal. El que bajó del Cielo siendo Dios se vuelve al cielo siendo Dios y Hombre verdadero. Jesús es el primer hombre que ha subido al Cielo. Jesús ha hecho posible lo que las fuerzas humanas siempre han ansiado pero nunca han podido conseguir: Llegar al Cielo. (El relato de la torre de Babel en el libro del Génesis nos da cuenta de ello).
Y es que al Cielo no se puede subir más que por un camino: el que realiza Cristo que también nos dice para que no haya posibilidad de error: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mi”. (Jn 14,6)
Subir al Cielo es llegar a Dios y ser como Dios. Subir al Cielo es experimentar que la naturaleza del hombre no se encierra en sí misma, que está llamada a participar también de la Naturaleza Divina. Subir al cielo es llegar a la plenitud de la existencia para la que hemos sido creados y salvados.
El problema no pequeño que padecemos es que en la historia de nuestra pobre Humanidad ha habido siempre ofertas tentadoras de llegar al Cielo por atajos o caminos imposibles. ¡Cuantas promesas de felicidad plena, de justicia completa, de verdad sin engaños, de bondad sin malicia, de belleza sin herrumbres… ha habido a lo largo de la historia y han resultado fallidas! Y esto es así porque han despreciado a Jesucristo. Es el triste resultado de la soberbia humana que piensa que puede ser dios sin Dios, una soberbia hoy muy manifiesta y descarada y que está pretendiendo conseguir con una ingeniería muy potente la deconstrucción de la vida humana en los individuos y en la sociedad y de su entorno necesario.
Jesús al subir al Cielo nos bendijo a todos y nos prometió volver para llevarnos con él: “Vendré y os llevaré conmigo para que donde estoy yo estéis también vosotros” (Jn 14,3) Y nos encargó: “Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a toda la Creación…” (Mt 28, 19.20). Nosotros los cristianos ya sabemos cuál es el fin de nuestra existencia y la de todos los hombres que buscan con sinceridad la felicidad, la justicia, la verdad, la bondad, la belleza… Nuestro fin es Dios Padre en donde todo eso se realiza plena y eternamente, el camino su Hijo Jesucristo y su poder el Espíritu Santo que Dios da a los que le aman.
Para nosotros los cristianos la fiesta de la Ascensión es la fiesta gozosa del conocimiento de nuestra meta feliz y la fiesta que nos recuerda nuestra responsabilidad: Amar a los hombres y mostrarles consecuentemente el camino verdadero del Cielo sin claudicar ante las propuestas engañosas. Jesús nos prometió su asistencia: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 20)
Felicidades, pues, a todos y que después de esta vida guardados por Cristo en el seno de su Iglesia Católica nos veamos todos en el Cielo para gozar de la Vida Eterna.

Vuestro párroco José Antonio Abellán.

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